Sólo me he pegado dos veces en mi vida. La primera de ellas tendría unos doce años. Estaba jugando al fútbol en el colegio. Uno del otro equipo, Ignacio, me puso una zancadilla. Yo, ante tal agresión y después de hacer una pirueta para no caer, di media vuelta y al zarandear el brazo en el aire le golpeé en la boca al chaval, partiéndole el labio prácticamente sin querer. Inmediatamente le pedí perdón, asustado, y rogando que no se lo dijera a la directora. Él, con más cara de susto que yo y casi en estado de shock debido a la sangre que le brotaba del labio, no contó nada. Todavía le estoy infinitamente agradecido. La segunda vez que me pegué con alguien, un par de años después, en realidad no me pegué. Más bien me pegaron, y me dejaron en KO técnico en el suelo, con las marcas de los dientes en la parte interior de las mejillas. En aquel momento, en el suelo, mareado, con sangre en la boca y sin saber muy bien qué pasaba, tomé una decisión crucial en mi vida: no iba a ser una persona violenta. No ser una persona violenta en un mundo esencialmente violento es complicado, pero de alguna manera se puede llevar a cabo, siempre y cuando estés en una situación privilegiada. Todo esto viene a colación de las revueltas que han tenido lugar hace unos días en Inglaterra. Vaya por delante que no justifico ningún tipo de violencia en principio. No obstante, este tipo de fenómenos creo que hay que repensarlos una y otra vez antes de pasar al juicio. Desde luego, pegar a la gente por la calle, robar a cualquiera, romper los escaparates y destrozar tiendas no es la mejor manera de enfrentarse a una situación que se considera injusta. Por ejemplo, pegar a un niño en plena calle y robarle invalida automáticamente toda posible reivindicación, por justa que sea. Aquí la cuestión que se podría analizar es si los rebeldes ingleses están reivindicando algo o si realmente saben por qué hacen lo que hacen. Dudo ambas cosas.
Pues bien. Parece ser que el barrio de Tottenham, uno en los que se ha originado toda esta espiral de violencia, es totalmente marginal. Y claro, cuando no tienes estudios ni dinero ni trabajo ni apoyo social ni futuro, y cuando además por si fuera poco desde el gobierno se amenaza con recortes sociales…, pues ya nada tiene sentido, y todo da igual. Nihilismo exacerbado como única vía de escape. O mejor dicho, como única vía. De momento, la moral (que siempre es “burguesa” de un modo u otro) se desconecta y sale lo que sale. Como ya nada tiene valor, aparece ese salvaje que se agazapa de forma latente en todos nosotros, y que está esperando la ocasión para salir a pasear. Algo parecido ocurre en Palestina. Me parece horrible que haya gente que cometa actos terroristas en Oriente Medio, tanto de un lado como del otro. En general, el terrorismo me parece condenable en sí mismo, en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, si viviera en Palestina, estuviera enfermo, no llegaran medicinas, ni comidas, ni productos vitales; si viera cómo destruyen todo lo que tengo alrededor quedando un paisaje totalmente desolado; si tuviera que ver cómo mis hijos o mis familiares son maltratados sistemáticamente… ¿Me importaría suicidarme mientras mato a los demás? Para decirlo de otro modo: la moral es para quien tiene el estómago lleno y una cierta perspectiva de futuro, es decir, para quien tiene una posición privilegiada en el mundo. Y a esto es a lo que me refería en el párrafo anterior cuando decía que se puede no ser violento en un mundo violento si estás en posición privilegiada. Cuando las necesidades materiales no se satisfacen, la moral queda en suspenso. Hobbes lo vio bien claro en su día.
Insisto en que no justifico ningún tipo de violencia en principio. Pero tal vez, para que no ocurriera lo que ha pasado, habría que empezar a intentar comprender por qué pasan estas cosas y no escudarse en el fácil “es que son delincuentes”, que no por fácil es menos cierto.
Leo opiniones, escucho y proceso. Lo que más me sorprende es leer y escuchar determinadas opiniones. Me llama la atención la facilidad con la que algunos se ponen a favor de los disturbios, o en contra. Me contraría la ligereza de los revolucionarios de pasarela, que siempre están detrás de una pantalla de ordenador, con la nevera más o menos llena, y con conexión a internet propia. También es muy fácil tomar partido de modo inmediato, a favor de los vaqueros o de los indios. Lo realmente complicado es ser crítico. Y ser crítico no significa poner a caldo lo que dice o hace otro. Ser crítico significa saber discernir, sopesar argumentos que se oponen, y mantener una posición fundamentada en los opuestos y no en una sola de las partes. Ser crítico implica tanto el derecho a equivocarse al emitir una opinión como el derecho a corregirla sin que se le emparede por ello. Pero no, parece ser que mola más darse un viaje por la pasarela y mostrar lo izquierdistas que somos, o lo libertarios, o qué sé yo. Y es que a veces me da la impresión de que en ciertos contextos no hay tanta diferencia entre Britney Spears y algunos izquierdistas, al menos en lo que respecta a la pasión por la pasarela. Una cantinela pop se repite una y otra vez en mi cabeza: “todo, todo es mentira, como siempre ha sucedido”. Y es que en el fondo así es.


No te falta razón, pero la comunicación, al menos en internet a través de las redes sociales, se presta a la pasarela. Los twitter, facebook y demás invitan a lanzar proclamas cortas y, si puede ser, impactantes para tener algún tipo de perecusión. El problema es que mucha gente pierde la fase de "proceso" de información que tú has señalado. Es más fácil repetir algo que leíste en una pancarta, que hacer un examen de su contenido y sopesar que partes consideramos justas y que partes no. Se nos está acostumbrando a los debates de salsa rosa, donde la gente se enfrenta en un ring verbal verdulero, en el que no se intercambian argumentos, sino que se buscan respuestas efectistas que anulen lo que dice "el contrario". Habría que eliminar los roles mentales de "los buenos y los malos" que la gente establece inconscientemente al participar en discusiones. Bajo mi punto de vista, hay que intercambiar argumentos, no tratar de anularlos. Por terminar con una cantinela pop del mismo género y para quitar el miedo al intercambio de ideas, añadiré que: "Transfusión no es canibalismo".
ResponderEliminarYo no creo que sean sólo los medios de comunicación, que también, no digo que no. Pienso que también es el propio sistema educativo universitario. Hoy en día, en muchas facultades, se hacen los exámenes tipo test. Es decir, te ponen una frase y tienes que poner qué opción es verdadera: a, b, c. Esa manera de examinar es un reflejo de cómo se está educando. Esto es, una de las tres opciones es la verdadera. No se contempla la posibilidad de que por razones específicas pueda no ser ninguna de las tres opciones o las tres en cierto sentido. Ya no se examina pidiendo a alumno que escriba, que redacte y que fundamente. Y en un momento dado, hasta que opine. Ahora no se quiere opinión, ni argumento ni desarrollo. Sólo se quiere que el alumno sepa qué, y no el por qué. Sí, así el individuo será más productivo y se evitará que se cuestione el modo oficial de hacer las cosas.
ResponderEliminarSólo se valora el 0 y el 1. Aquí o allá. El bien o el mal. Sin tener en cuenta que la realidad siempre es más compleja que todo aquello que se pueda decir de ella. Gracias por comentar, caníbal.
No me había percatado de la primera imagen...lo más
ResponderEliminarUna imagen apropiada ¿no? ¿o qué?
ResponderEliminarSi esta es tu primera noche en el Club de la Lucha...entonces tienes que pelear
ResponderEliminar